Una buena parte de los tucumanos se caracteriza por su escaso apego a las normas básicas de convivencia. Esta actitud que se refleja, por ejemplo, en materia vial o en los modos de protesta, perjudica al prójimo que, generalmente, no tiene ninguna responsabilidad en la disputa. Basta que un sector de trabajadores de cualquier ámbito tenga un conflicto para sentirse con derecho a cortar.

El jueves y el viernes fueron un infierno para miles de tucumanos que debieron soportar los más de 100 cortes de ruta que llevaron a cabo los afiliados de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) para pedir un incremento salarial del 30% y para rechazar la propuesta de la Asociación Tucumana del Citrus que ofrece, para este año, una suba del 23 %. También lo sufrieron los extranjeros. "Malas noticias en el camino hacia el aeropuerto de Tucumán", fue el twitt que el baterista norteamericano Pat Mastelotto, integrante del trío de jazz "Stick Men", que envió el jueves desde su teléfono móvil cuando un piquete lo retrasó en la ruta Juan Domingo Perón; también compartió una foto de ese momento.

Montaron piquetes sobre la ruta 38, a la altura de Acheral, Aguilares, La Cocha, Alberdi, Concepción, Monteros, Lules y Famaillá. En la zona este de la provincia, por la ruta 302, los cortes se realizaron en Alderetes, Las Piedritas, El Chañar, La Ramada, Benjamín Aráoz, Macomitas, Cebil Pozo, Ranchillos, Delfín Gallo, Los Ralos, Finca Mayo y La Florida. También hubo interrupciones al tránsito en la ruta 9.

Esta modalidad de protesta surgió por la falta de respuestas de la clase dirigente a los constantes pedidos de sectores desplazados de la sociedad. En 1997 grupos de desocupados de las localidades de Tartagal (Salta) y Cutral-Có (Neuquén) cortaron rutas en reclamo de ayuda social, a raíz del cierre de las plantas de YPF. En respuesta, el gobierno de Carlos Menem distribuyó Planes Trabajar de $ 200, el equivalente a un tercio de la canasta básica familiar de entonces. Nació de ese modo el movimiento piquetero que se convirtió en esos años en la expresión de la voz de los sin voz, es decir aquellas personas que acuciadas por el desempleo, el hambre y también la miseria no se sentían representadas por ningún dirigente o habían sido víctimas, en muchos casos, de las promesas incumplidas de políticos, de funcionarios o empresarios. El único modo que encontraron para hacer escuchar sus reclamos era impidiendo el libre tránsito de los demás. Dos años después, la metodología de cortar las rutas para reclamar se extendió a otras provincias; gremialistas y desocupados de Tucumán y Jujuy también se adhirieron a esta forma de protesta, que comenzaron a adoptar también otros sectores sociales. A partir de 2000, surgieron diferentes agrupaciones para canalizar esta nueva forma de protesta, que alcanzó dimensión nacional y continúa en la actualidad.

Los cortes de calles y rutas provocan un profundo malestar en la sociedad que debe soportar conflictos ajenos, como en este caso, entre trabajadores y empresarios del citrus. Si los manifestantes buscan la solidaridad de la comunidad con sus reclamos, logran el efecto contrario. Las medidas de fuerza son razonables cuando se llevan a cabo en los ámbitos donde corresponden y no afectan a terceros. Todo está permitido en una democracia siempre y cuando no se avasallen los derechos del otro. Los tucumanos deberíamos aprenderlo.